Allí, en el muelle de los vapores, se compraba el billete de ida y vuelta a Cascais por diez tostões, se tomaba una taza de leche o té negro en el café Grego, y se embarcaba rumbo a la línea del estuario. La multitud de pasajeros llenaba el muelle con sus alegres e frescas toilettes de manhã(alegres y frescas toilettes de mañana), en una huida colectiva del tedio dominical de la ciudad. El Tajo surgía entonces como um pequeno Mediterrâneo(un pequeño Mediterráneo), centelleando bajo la bruma acuática como um peito de aço coberto por um véu de gaze(como un pecho de acero cubierto por un velo de gasa). Esta era la puerta de salida de Lisboa hacia las playas, aún servida por los vapores de ruedas de Frederico Burnay, antes de la llegada del ferrocarril.

El texto de Ramalho celebra no solo el viaje, sino el propio ritual de partida: la madrugada, los binoculares, el puro encendido, la subida al puente del vapor. El escritor transforma lo banal en un acontecimiento literario, revelando cómo los lisboetas descubrían el mar no como necesidad, sino como placer y salud. La descripción revela además el carácter democrático de estas excursiones balnearias, accesibles por la módica suma de diez tostões, en un tiempo en que el turismo de baños comenzaba a dejar de ser privilegio exclusivo de la aristocracia.

Hoy, el visitante ya no encuentra el muelle de los vapores ni el café Grego. En el mismo lugar se alza, desde 1928, la Estación Ferroviaria de Cais do Sodré, proyectada por Pardal Monteiro en elegante lenguaje Art Déco, con sus bajorrelieves y paneles de azulejos que celebran alegorías del culto a la máquina y al trabajo. La arquitectura moderna sustituyó el embarque acuático por el tren eléctrico, pero la función permanece: este continúa siendo el punto de partida para la línea de Cascais. Contemplando la fachada simétrica y las estructuras de hormigón armado, conviene imaginar, con los "ojos de Ramalho", el Tajo que allí batía, los vapores que silbaban, y toda aquella Lisboa matutina que madrugaba para conquistar el mar.