En Cuba, localidad alentejana, el panteón de Fialho de Almeida ostenta en la cima una escultura de dos gatos – alusión mordaz a su obra más célebre, Los Gatos, y símbolo perfecto de quien afirmara en el prefacio de esa misma obra su forma de estar en la vida y en la literatura: "miando pouco, arranhando sempre e não temendo nunca".
Del Alentejo a la Capital: Formación de un Espíritu Inquieto
La historia comienza el 7 de mayo de 1857, en Vila de Frades, población alentejana que daría a luz una personalidad marcante. Hijo de un pequeño propietario, el joven Valentim fue enviado a Lisboa en 1866, a los nueve años, ingresando en el Colegio Europeo, institución de enseñanza que frecuentó hasta 1871, donde obtuvo calificaciones interesantes.
La interrupción de los estudios por dificultades económicas lo obligó a buscar trabajo. Se convirtió en practicante de farmacia en una botica lisboeta situada en las inmediaciones del Campo de Sant'Ana. Esta circunstancia de vida, según él mismo relata en su autobiografía, le permitió entrar en "contacto absoluto com o povo" y le aguzó "uma tendência mórbida para as letras". La farmacia se reveló una escuela de la vida: allí observaba cotidianamente la miseria humana, las enfermedades, los vicios, la hipocondría burguesa y la resignación de los pobres.
El Estreno Literario y el Recorrido Académico
El estreno en el mundo de las letras aconteció en 1873, cuando publicó sus primeros textos en el periódico Correspondência de Leiria. Determinado a concluir la formación académica, pasó por el Liceo Francés y por la Escuela Politécnica, viniendo a formarse en Medicina entre 1878 y 1885.
Paradójicamente, concluida esa etapa del recorrido académico, de ella no extrajo consecuencias profesionales. No ejercería la medicina, aunque permanecieran en su sensibilidad estético-literaria algunas marcas de la confianza en el espíritu científico y de la mirada clínica que diseca la realidad. Se consagró, entonces, enteramente a la escritura y a la actividad periodística, decidiéndose a vivir de la pluma "donde continuamente espirravam revoltas".
Lisboa: La Ciudad Amada y Odiada
La permanencia en la capital – por él descrita como "cidade de frades, beatas e desembargadores" – quedaría impresa en muchas páginas provocadoras. Frecuentó cafés y tertulias, conviviendo con la intelectualidad de la época, absorbiendo ideas y trabando polémicas. Durante este período lisboeta, dio a luz el primer volumen de Cuentos (1881), seguido de La Ciudad del Vicio (1882), colección de inclinación realista donde el narrador se presenta como "peregrino" por entre "campos e terreolas", recogiendo una "singular lucidez" del hecho de no leer siquiera periódicos.
Más tarde, publicaría Lisboa Galante (1903), retrato cáustico de la sociedad urbana portuguesa, contrapunto a la visión benévola que lanzaba sobre los humildes, sobre aquellos que vivían de la tierra. La capital le alimentaba simultáneamente la inspiración y la repulsa.
El Polemista Despiadado
Si la carta publicada en 1880 en la revista A Crónica, en respuesta al texto de Pinheiro Chagas, representaba ya una toma de posición marcada en el dominio literario, Fialho vendría a depurar una mirada aguda, despiadada hasta, reveladora de cierto pesimismo misántropo. De escalpelo en ristre, y seducido, según A. Cândido Franco, por el positivismo queirosiano, denunciaba rasgos de carácter y deformidades morales, descubría disformidades y bestializaba algunos tipos sociales, en un análisis a veces puntuado de crudeza. Cultor de la narrativa breve y de escritos de sabor panfletario y crítico, se destacó sobre todo como cuentista y cronista, no sin prevenirse contra los reparos de los lectores que prefieren los "fabricantes de calhamaços". Era frontal, decía lo que tenía que decir, gustaran o no de él. Señaló defectos tanto en la Monarquía Constitucional como en la Primera República. Sus rasgos de genio eran evidentes, pero también le atrajeron bastantes enemistades. Se mantuvo imparcial y no se alineaba en partidismos.
La Confluencia de Estéticas
En él confluían influencias del credo naturalista, matices del realismo rústico nacido del "sentimento da paisagem" y de la mirada benévola que lanzaba a los humildes – piénsese, por ejemplo, en Segadores –, así como aspectos de la estética decadentista, mayormente el gusto por la morbidez. Es el propio autor quien confirma su inclinación para "intrometer fezes humanas nas tintas duma paleta".
Vasta y desigual en su concepción, influenciada por corrientes literarias varias, la obra no se sustrae al disfemismo, a la caricatura, al tratamiento de lo aberrante y de lo sórdido, presentando no raramente al ser humano incendiado de pasiones viles o por el celo que lo torna abyecto. Los temas privilegiados incluían la vida urbana, los vicios, la pobreza, la decadencia y la vida tranquila y realista del Alentejo. Personajes Inolvidables
A la luz de la estética naturalista, pero también del tamiz decadentista, construyó personajes memorables: Carolina, conocida por antonomasia por la Pelirroja, que protagoniza el cuento de título homónimo; João da Graça, protagonista de Tres Cadáveres, estudiante y futuro médico que encarna el disecador de almas que cree encontrar en aquellos destinos el reflejo del medio mezquino e hipócrita.
Los Gatos: La Obra Magna
Su obra más notable se titula Los Gatos, redactada entre 1889 y 1894, conjunto de crónicas mordaces que merecieron acogida significativa por parte de la población portuguesa. También son conocidos los trabajos El País de las Uvas (1893) y la ya mencionada La Ciudad del Vicio (1882). Algunos investigadores lo consideraron artista de naturaleza anárquica, demostrando revuelta para con todo y todos, adoptando sistemáticamente la crítica y la sátira en sus textos.
El Regreso al Alentejo y el Casamiento Breve
En el año de 1893, regresó a su región, habiendo contraído nupcias con una mujer acaudalada, Emília Pego, natural de Cuba (Alentejo). Sin embargo, esta falleció al año siguiente, víctima de tuberculosis. Posteriormente, Fialho fue labrador, pero nunca dejó de publicar artículos para periódicos y varias crónicas y cuentos.
Tras el fallecimiento de la esposa, emprendió algunos viajes por Europa, lo que enriqueció sus conocimientos y amplió horizontes. En estos desplazamientos, absorbió influencias y perspectivas que vendrían a nutrir sus escritos posteriores.
El Legado de un Escritor Reputado
En sus obras, describió los problemas que afectaban a la sociedad y presentó propuestas para superarlos, que notablemente pasarían por la educación e instrucción del pueblo, tornando posible una opinión pública esclarecida, de forma a combatir la ignorancia, la decadencia y la corrupción. Sus textos constituyen fuentes importantes que permiten analizar las vivencias de aquel período crítico en Portugal, en el cual se dio la transición de la Monarquía a la República.
El reconocimiento de su carrera aún hoy es visible. Su nombre es recordado en innumerables localidades, notablemente en su tierra natal, Vila de Frades (y en el restante municipio de Vidigueira), donde existe una escultura y hasta registros toponímicos en su memoria.
Cuando falleció prematuramente en 1911, dejaba un legado fundamental a la literatura portuguesa: una escritura única, sin concesiones, que no temía arañar las heridas de la sociedad portuguesa. El estilo que adoptó merecería el respeto y el temor de muchos. Era aquello que proclamara ser: un gato que maullaba poco, arañaba siempre y no temía nunca – figura tutelar de una literatura combativa, comprometida con la verdad, por más incómoda que esta fuese.